El ánima, fases de su desarrollo en el hombre y la mujer
El elemento femenino en el hombre tiene 4 fases de
desarrollo:
1. El
ánima del hombre puede ser Eva, atracción biológica, aspectos de la participación mística.
2.
Helena que corresponde al periodo del amor romántico,
constelando el problema de la proyección.
3.
María, que simboliza el amor espiritual, por
ejemplo Teresa de Avila y S. Juan de la Cruz.
4.
Sophia, que simboliza un regreso sutil a la
esfera inferior, desde el punto de vista de la sabiduría, menos es más. El
ánima representa para Jung un deseo o un sistema de expectativas, que el hombre
proyecta en la mujer.
El ánimus en la mujer, 4 estadíos:
1.
Como fuerza física, un hombre de acción (J.
Bond)
2.
Como palabra y sentido, el hombre sabio.
3.
Como puente dirigido a despertar el Self
4.
La eterna conexión con el destino, amor unido al
Self, muy primitivo y directo. Totalidad de unión con dios.
En esta reflexión podemos añadir el hecho de que en las
sociedades patriarcales que padecemos en occidente, Oriente es otro tema a
tratar en otro momento, al ser la mujer tratada como un ser inferior, (recordemos
a la iglesia católica dudando si la mujer tiene alma) podía expresar libremente
las emociones, tener crisis, inseguridades, dependencias y cambios en sus
afectos pues era “condición” de su ser mujer. Luego, cuando su aspecto
complementario inconsciente, el ánimus, manifestación del logos, de la razón,
se manifestó ampliamente para incorporarse al mundo del hombre, a pesar de las
reticencias y las pegas, cuando se aceptó, se pudo desarrollar sin problemas pues era un atributo que el patriarcado reconocía
sin dudar. El precio pagado fue neurotizar a muchas mujeres, convertirlas en
elementos fálicos, mujeres masculinizadas y alejarse de los elementos que las
hacían integrarse como mujeres y no me refiero a la maternidad, sino al
conocimiento empático de la naturaleza y del mundo de las relaciones, del eros.
Pero ¿qué paso con el hombre en este tema? El problema fue
más grave dado que el elemento inconsciente que completa psicológicamente al hombre
es su ánima, su aspecto femenino, este elemento no se pudo desarrollar
adecuadamente o lo hizo mínimamente.
Puesto que si un hombre era emocional, empático, sensible. Se
presentaba como vulnerable e inseguro era tachado de débil o lo que era peor:
de maricón, de afeminado. Esos dos apelativos machistas tan poco adecuados e
injustos en la valoración de los aspectos femeninos en el hombre.
Esa dificultad para permitir la libertad en el hombre a
nivel de su sensibilidad emocional ha conllevado una compleja situación
ambivalente en el hombre, que le hacen vivir de forma muy difícil y confusa sus
momentos de intuición, de inseguridad y de conexión con sus afectos.
En cambio, pueden manifestarse totalmente en los aspectos
competitivos, combativos, egoístas y de clase. Esto lleva a que cuando se
relacionan con lo femenino sea una mujer real o sus propios sentimientos,
manifiestan gran inseguridad, torpeza o se les nubla el conocimiento.
Excepto en el caso de que en esa relación la actitud sea de
conquista y asimétrica a favor del hombre, ahí encuentran recursos para
moverse.
Como la mujer actual, en gran mayoría se siente más segura
en su determinación y objeto de interés, a pesar de que persisten las mismas trabas
patriarcales, el conflicto de ubicación masculino se ha acentuado de forma
evidente.
Este proceso lo vemos claramente en clínica como una gran
dificultad masculina para encontrar un claro sentido a su esencia y búsqueda personal,
cuando esta no sigue las expectativas marcadas por el patriarcado.

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